jueves, 16 de junio de 2011

LA TEORIA DE LA INTEGRACIÓN SENSORIAL DE J. AYRES

La teoría de la Integración Sensorial fue desarrollada inicialmente por A. Jean Ayres en la década de los 70. Ayres la describió como “ la habilidad para organizar la información sensorial para su uso”. Esta teoría ha sido utilizada con una variedad de población clínica durante su expansión descrita por diferentes autores, incluidos individuos normales, con problemas neuromusculares, con parálisis cerebral, disfunciones en el aprendizaje, retraso mental, autismo y discapacidad sensorial (18).
Existen dos campos convergentes que tienen orígenes teóricos similares: un campo clínico originariamente llamado integración sensorial y una rama de la neurociencia que utiliza el término de integración sensorial para describir estudios específicos de la sensación. Clínicamente el término fue usado en primer lugar por Ayres para identificar el campo de estudio relativo a individuos con atípicas respuestas a la estimulación sensorial. La condición clínica es ahora conocida como desorden del procesamiento sensorial (DPS) . En neurociencia la investigación del sistema sensorial precoz enfatizó los estudios unisensoriales. Con la llegada de las nuevas tecnologías una nueva rama de la investigación en neurociencia se centra en la integración multisensorial, la cual estudia la interacción de dos o más modalidades sensoriales (19).
Lo que Ayres planteó como hipótesis era que existía un problema neurológico relativo a la detección, modulación, discriminación y respuesta de la información sensorial. A esta teoría la denominó Teoría de la integración sensorial.
El DPS es una condición heterogénea que comprende una variedad de subtipos. Los individuos presentan alteración en las respuestas para procesamiento de, y/o organización de la información sensorial que afecta a la participación funcional en las actividades y rutinas de la vida diaria.
Aunque el campo clínico no está completamente unificado en cómo definir los diferentes subtipos, una nueva nosología plantea la existencia de seis subtipos (Millar, 2006; Millar et col, 2007.
El DPS puede presentarse en algunos de los siete sistemas sensoriales: vestibular, propioceptivo y los cinco sistemas sensoriales básicos.
El tratamiento implica el uso de ambientes multisensoriales donde las actividades intencionadas desafiantes son diseñadas para proveer una determinada entrada sensorial. El niño es apoyado para mostrar respuestas apropiadas y comportamientos durante la actividad terapéutica guiada. Mediante la repetición el cerebro del niño comienza a procesar información sensorial con más normalidad y empieza a interactuar con efectividad dentro del entorno sensorial. El constante “aumento del reto” y el uso de la relación terapéutica de andamio, el niño con su nuevo desafío, se convierte en la llave del progreso.
La técnica utiliza la estimulación sensorial y las estrategias cognitivas en la consecución y mantenimiento de un estado regulado, atención mantenida, emociones y comportamientos controlados, así como completar destrezas motrices complejas. Las actividades son diseñadas para ser divertidas y explorar la dirección interna del niño, incorporando entradas sensoriales como balanceo, (vestibular), saltar, tirar, empujar (propiocepción) y presión tactil profunda (táctil), así como visuales, auditivas, olfativas, y entrada gustativa. La repetición de las respuestas normales a los estímulos sensoriales es la hipótesis de la creación de nuevas vías neurales (Hebb, 1949) y proporciona la plataforma para participar con éxito en mundo real de entornos naturales (Ayres, 1958).
El significado Ayres de la integración sensorial estaba relacionado con el proceso de la información desde múltiples modalidades sensoriales durante la ejecución de las rutinas diarias y las actividades.
Ayres hizo suya la idea de que la investigación de un único sistema sensorial no reflejaba la forma en que funciona el cerebro. Su teoría se basa en la creencia de que los sistemas sensoriales interactúan casi instantáneamente para dar sentido a cada experiencia, que requiere la integración subconsciente de información de más de un sistema sensorial (Ayres, 1958, 1961). "La integración sensorial clasifica, ordena, y, finalmente, pone todas las entradas sensoriales individuales juntas dentro de la función global del cerebro”(Ayres, 1979).
Ayres basó su hipótesis acerca del DPS en los principios del desarrollo normal. Citando a  Luria (1966), que hizo suya la premisa de que la topología de la superposición sensorial del cerebro se estructuró para producir funcionamiento eficiente, con todas las estructuras que están interrelacionadas y la interacción se facilita a través de la asociación de las áreas cerebrales. Ella cree que todas las neuronas pueden comunicarse con todas las demás neuronas para que el cerebro funcione como un todo (Ayres, 1961) y que la función del sistema nervioso sería eficiente. Ayres conceptualizó el citado DPS como el funcionamiento ineficiente del SNC.
Tres preceptos neurobiológicos guían los pensamientos de Ayres sobre el DPS:
1.      el desarrollo sigue una secuencia predecible
2.      el desarrollo anormal puede reflejar la expresión de un comportamiento más primitivo
3.      la maduración es dependiente de la interacción con el entorno
Usando las teorías de Piaget (1952) y Ames e Ilg (1964), Ayres describió cómo el patrón secuencial de una conducta motora cada vez más compleja proporciona un marcador de la maduración del SNC. Ayres apoyó la premisa de que cada progresión evolutiva incorpora una nueva reorganización de comportamientos citando el estudio de Green (1958) de los niveles sucesivos de complejidad en el cerebro de los vertebrados inferiores. Ella sugirió que DPS es una desviación del desarrollo normal, con comportamientos observables que se reflejan en los niveles inferiores de la función (Ayres, 1954, 1961,1966). Por ejemplo, Ayres hizo hincapié en que la capacidad progresiva para inhibir las respuestas primitivas afectivas a las experiencias sensoriales, permite a uno desarrollar la capacidad de discriminar los aspectos de mayor nivel de los estímulos tales como las características espaciales y temporales.
Ayres señaló que en el desarrollo, las partes más antiguas del cerebro llegan a estar cada vez más conectadas y las interacciones entre las estructuras neuronales se establecen firmemente. Su síntesis de los estudios neurobiológicos del día se utilizó para apoyar su premisa de que el desarrollo normal refleja la interacción entre sus capacidades innatas y las oportunidades ambientales (Ayres, 1975).
Ayres se refirió a ambos,  los factores ambientales y genéticos como propuesta de etiologías para el DPS. Señaló que los síntomas manifestados en los que habían sufrido privación sensorial fueron similares a los síntomas observada en los niños con problemas del procesamiento sensorial. Por ejemplo, citó estudios en los que cuando se le priva de la sensación, ocurren cambios estructurales neurales (Levin y Alpert, 1959; Melzack, 1962) y el cerebro genera su propia entrada, dando como resultado a alucinaciones y a las distorsiones (Solomon et al., 1961). Además, la hipótesis de que que los factores genéticos en ciertos niños pueden hacer una parte del cerebro más vulnerable de lo habitual. En este estado altamente vulnerable, las toxinas del medio ambiente [o factores de estrés prenatal] pueden interferir con el desarrollo de integración sensorial "(Ayres, 1979).
El modelo de intervención de Ayres se basa en tres principios básicos neuronales: la plasticidad neural del cerebro hace que el cambio sea posible, se requiere activar la participación para los cambios neuronales y los ambientes enriquecidos son necesarios para guiar los cambios neuronales (Ayres, 1972b). Ella vinculó el principio de la plasticidad neuronal a los estudios de Schiebel y Schiebel (1964) la hipótesis de que los cambios observados en el tratamiento podrían ser el resultado de aumentos en el crecimiento dendrítico y mayor potencial para el aprendizaje (Ayres, 1972c). Su modelo de intervención requiere que el cliente participe activamente en tareas difíciles en un ambiente multisensorial mejorado. Este principio se basa en múltiples estudios que mostraron que los animales, en los entornos enriquecidos, desarrollaron el aumento de peso cortical y mejores habilidades en la resolución de problemas que los animales expuestos pasivamente a la sensación (Bennett et al, 1964;. Rosenzweig, 1966; Dru et al, 1975).. Ayres citó estudios demostrando que la repetición de desafíos activos vinculados  a respuestas con éxito promueven el crecimiento del SNC y que las habilidades cognitivas crecen a partir de la organización de la información sensorial entrante (Lassek, 1957). Además, señaló que la participación activa fue apoyada por investigaciones que mostraron cambios bioquímicos de participación significativa en el ensayo y error durante tareas sensoriales y motoras (Hyden y Egyhazi, 1962).
Ayres también basa su modelo de intervención en dos principios fundamentales: las actividades deben utilizar más de un sistema sensorial al mismo tiempo (Ayres, 1975) y sus actividades deben proporcionar el "justo desafío" (Ayres, 1979). Sus ideas sobre el uso de más de un sistema sensorial para aumentar el aprendizaje se basa en los hallazgos de Jung et al. (1963). Llegaron a la conclusión de que la estimulación multisensorial es a menudo más eficaz que la estimulación unisensorial en el cambio de comportamiento, basado en los hallazgos en los gatos en que algunas células en el tálamo son multisensoriales, a menudo responden al sonido, vista y el tacto/presión. Citando a Herrick (1956), Ayres tuvo la teoría de que los mecanismos neuronales estaban reverberando sistemas de captación y alimentación anticipatorios, diseñados para traducir la información aferente a la acción. Hizo hincapié en que aunque la actividad neuronal es constante y desordenada, por lo general personas en desarrollo, de forma automática, ordenan y organizan los mensajes de muchas neuronas sensoriales antes de enviar información a las neuronas motoras (Ayres, 1958). Esto permite que la persona permanezca regulada y organice las acciones.
Ayres también observó que las tareas, que son a la vez un reto y una respuesta correcta hacen tener un efecto de integración particularmente fuerte. Por lo general, la respuesta es una acción motora tras de una entrada sensorial. Ayres apoyó su premisa en el trabajo de Buser e Imbert (1961), quienes encontraron que la mayor convergencia de integración intersensorial se encuentra en la corteza motora con una convergencia sensorial adicional en la corteza premotora. Esto sugiere una mayor probabilidad de estimular la integración intersensorial con los movimientos motores gruesos en comparación con los movimientos motores finos. 
  
Pilar Blázquez Ballesteros

9 comentarios:

  1. bibliografia de donde se obtiene esta infromacion? esta interesantisima GRACIAS!

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  2. Me puedes enviar bibliografia sobre este tema? estoy practicando en una fundacion de rehabilitacion de niños con patologias neurologicas.. Gracias! mariaguardiaz@gmail.com

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  3. Me regalas la bibliografía lisy_gonzales@hotmail.com

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  4. Hola me puedes enviar la bibliografía por favor! esta excelente tu trabajo. Gracias! dy.medrano@gmail.com

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  5. Hola, estoy buscando el libro, la integracion sensorial y el niño, para ayudar a mi hijo, queria saber si me podrias decir si esta disponible el libro en pdf, ya que no lo puedo encontrar en librerias desde ya muchas gracias fedepichel@hotmail.com

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  6. Hola pilar, un gran trabajo, si hicieses el favor de mandarme la bibliografía. ana-filaxis@hotmail.com

    Muchas gracias de antemano

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  7. ¡Excelente información Pilar! podría proporcionarme la bibliografía por favor. mipal12@hotmail.com
    Muchas gracias

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  8. Pilar Excelente tu trabajo!!! Te pediría si por favor, podrías enviarme la bibliografía!. Sería de gran ayuda. Desde ya, muchas gracias!! hectorjorgegonzalez@gmail.com

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